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La vida, a veces, y con suerte, bromea… El generador se lo quedó Tomás. El plan era levantarnos muy muy temprano. Tomás me pasaría a recoger a las cinco con un taxi. A las cinco y cuarto me llama Tomás desesperado porque no encuentra taxi.
¿Interesa esto al proyecto?. Pienso que sí.
La vida, a veces, y con suerte, bromea.
Me quedé dormido. Me despierto con la llamada desesperada de Tomás, que anda por alguna parte de Poble Nou con el generador en un triciclo que se ha encontrado en la calle. Estoy dormido. Escucho a Tomás muy lejos, cagándose en las compañías de taxis. Le pregunto la hora. Me dice que son las cinco y cuarto y entonces me da el sofoco.
Pero Tomás no para de cagarse en los taxis. “Ciao, Tomás”, le digo, “que me acabo de levantar y he de preparar todo”.
Corro como un loco. Por suerte antes de acostarme lo había dejado todo más o menos listo.
La vida, a veces, y con suerte, bromea.
Cuando ya por fin enfilamos la meridiana, el claror del alba se hace evidente. Al final de la calle se distingue un incipiente fulgor dorado.
Tomás y yo parecemos vampiros. Tomás le pregunta al taxista… “¿Usted cree que llegaremos a Ciutat Meridiana antes de que amanezca?” Evidentemente, el hombre no sabe qué responder… Estoy al borde de la crispación.
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