De este segundo día, viernes 1 de junio, me quedo con esta imagen…
Retomo la idea inicial. He despejado las dudas relativas a mi legitimidad al frente del proyecto.
Los viernes hay mercadillo en la plaza Roja y alrededores. Se me ocurrió que podía ir a preguntarle a la gente qué opinaba del trabajo, si les parecía que de alguna manera me estaba aprovechando de ellos…
Quedé con Marc (el cámara) en plaza Cataluña a las 11. Cuando llegamos a Torre Barò vi un mercadillo extenso salpicado por muy poca gente, sobre todo ancianas.
Conseguimos preguntar a varias personas por el proyecto. La mayoría no lo entendieron, es decir, no entendían por qué les estaba preguntando.
Pensé entonces que un fontanero no va a preguntarle a nadie qué le parece la fontanería. Simplemente, hace su trabajo.
Claro que en arte se tocan aspectos cruzados (como si un fontanero tuviera que arreglar la red eléctrica). En este caso, por ejemplo, se trata de representación. Mis dudas venían de no sentirme legitimado para efectuar una representación (aunque fuera poética) de lo que es y acontece en el barrio.
Temía resultar literal y maniqueo.
Por eso decidí alejarme, aumentar la mirada hasta incluirme en el proyecto. Ya no se trataría tan solo de un trabajo de representación poética sino de la representación de un proceso de producción encaminado a la obtención de una imagen poética. Me visibilizo como productor. Formo parte. Mi mirada reconoce desde el primer momento que todo lo que se dispone pertenece a ella, es a su través.
Por casualidad le preguntamos a dos chicas que hasta hacía bien poco habían vivido en Ciutat Meridiana, pero ahora no, pese a que pasaban todo el día allí. Fueron muy amables y captaron a la primera la intención del proyecto. Me aconsejaron que fuera a la puerta de los dos colegios, el Ferrer y el Elisaba, a la 13:00 y que preguntara, pues habría gente joven (sobre todo, me dijeron, las sudamericanas, pues son más abiertas) .
Nuevamente por casualidad pasaba por allí Pilar, de la asociación, y se acercó a interesarse por cómo me iba. Le comenté que andaba del todo desanimado. Que solo me encontraba con personas mayores, que suelen ser más temerosos y desconfiados.
Le di la dirección del blog. Quedamos que hablaría con su hija (a la que le había encantado el proyecto) para que consiga fotografiar dormitorios y mandarlos por email.
Si lo hace la incluyo en el proyecto como colaboración.
Conocí a otra chica. Estaba bastante espitoso por los dos últimos encuentros, así que fui muy resolutivo. La chica había estudiado algo de fotografía. Le conté el proyecto y quedamos en que buscaría por su cuenta y el lunes tarde yo la llamaba.
También en este caso de formalizarse algo la incluiría como colaboración.
Es evidente, después de todo esto, que en cualquier parte, en cualquier casa, uno siempre debe entrar invitado y a ser posible de la mano.
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